Cada vez que sonaba el silbato que indicaba la hora de la salida, en la fábrica de tuercas y tornillos “La Industria”, se formaba la algarabía típica que trae el momento justo en el que se cuelga el uniforme y se sale a divertirse. Así fue por más de 25 años. El silbato cantaba, con su nota extendida, la hora de la diversión y todos dejaban las palancas y los engranajes aceitados para el otro día. Don Justo Jiménez, dueño único de La Industria y gran observador, veía cómo los trabajadores desfilaban alegres hacia el gran portón de la fábrica cada vez que la jornada terminaba y en medio de sus cavilaciones se preguntó: ¿qué tal si en vez de hacer sonar el silbato para que se vayan, más bien lo toco para que entren, y en vez de venir a trabajar, vengan a divertirse con sus amigos y familias? Después de esta epifanía Don Justo decidió cambiar los engranajes y maquinaria por bolas de boliche y las chimeneas por pines gigantes. Así cambio su producción de tuercas y tornillos por sonrisas y diversión.

Muy entusiasmado con su nueva fábrica y en un arrebato de lucidez, escribió en el muro de la entrada con su puño y letra algo que el tiempo no pudiera borrar:

“En La Industria tenemos muy claro nuestro propósito: fabricar diversión y ensamblar buenos momentos. Somos el lugar donde la felicidad se vive en forma de pines y bolos porque la vida merece medirse en moñonas”

Ya han pasado muchos años desde aquel mítico día, ahora queremos que el legado de Don Justo Jiménez sea disfrutado por amigos, familias y compañeros de trabajo, por esta razón inauguramos el 13.11.2019 La Industria Bolera en la ciudad de Medellín.

EST. 2019

Nuestra

historia

EST. 2019

Nuestra

historia

Cada vez que sonaba el silbato que indicaba la hora de la salida, en la fábrica de tuercas y tornillos “La Industria”, se formaba la algarabía típica que trae el momento justo en el que se cuelga el uniforme y se sale a divertirse. Así fue por más de 25 años. El silbato cantaba, con su nota extendida, la hora de la diversión y todos dejaban las palancas y los engranajes aceitados para el otro día. Don Justo Jiménez, dueño único de La Industria y gran observador, veía cómo los trabajadores desfilaban alegres hacia el gran portón de la fábrica cada vez que la jornada terminaba y en medio de sus cavilaciones se preguntó: ¿qué tal si en vez de hacer sonar el silbato para que se vayan, más bien lo toco para que entren, y en vez de venir a trabajar, vengan a divertirse con sus amigos y familias? Después de esta epifanía Don Justo decidió cambiar los engranajes y maquinaria por bolas de boliche y las chimeneas por pines gigantes. Así cambio su producción de tuercas y tornillos por sonrisas y diversión.

Muy entusiasmado con su nueva fábrica y en un arrebato de lucidez, escribió en el muro de la entrada con su puño y letra algo que el tiempo no pudiera borrar:

“En La Industria tenemos muy claro nuestro propósito: fabricar diversión y ensamblar buenos momentos. Somos el lugar donde la felicidad se vive en forma de pines y bolos porque la vida merece medirse en moñonas”

Ya han pasado muchos años desde aquel mítico día, ahora queremos que el legado de Don Justo Jiménez sea disfrutado por amigos, familias y compañeros de trabajo, por esta razón inauguramos el 13.11.2019 La Industria Bolera en la ciudad de Medellín.

TENEMOS MUCHO

para Ofrecer

La Industria Bolera está ubicada en uno de los Centros Comerciales más modernos de Medellín, Arkadia, en el sur occidente de la ciudad. Cuenta con 11 pistas, restaurante con una amplía oferta gastronómica, billares, juegos de mesa y la Fuente de Soda, una gran barra con tus bebidas preferidas.

La Industria está inspirada en las fábricas de Nueva York de principio de siglo en donde cada detalle de su maquinaria está a la vista para que veas, de primera mano, como funciona esta industria de diversión.

Te esperamos en nuestra gran fábrica de momentos inolvidables, son más de 1.300 metros cuadrados para que disfrutes de la última tecnología en bolos y te diviertas en cada jugada, al fin y al cabo, somos La Industria que siempre quiere verte sonreír.

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